Primero, lo primero y breve. Nos sorprendió la cantidad de "rascacielos" que se están construyendo en la ciudad a pesar de la crisis mundial.
La ciudad de Panamá se divide en tres grandes zonas, el "Panamá Antiguo", Panamá City y el Casco Viejo, en ese orden de norte a sur en la bahía.
En la City, la grasa de las capitales. Los bancos, edificios, automóviles, restaurantes, los shopings, el glamour y todos los fuegos de artificio que propone el dinero del comercio.
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En el Casco Viejo encontré el graffiti que hizo arrancar el viaje: "Gritaré de alegría". Allí se encuentran los edificios tradicionales. Fue la ciudad amurallada que se construyó luego de un gran incendio del Panamá Antiguo, antes que fuera zaqueada por "los piratas que venían del Caribe".
En un entorno de una punta en la Bahía, desde donde se divisa tooooooooooodo el Pacífico y toda la playa de la ciudad (que no es de arena sino de manglares.... miles de aves se posan allí cuando la marea baja, para comer bichos que se esconden en el barro).
Casas antiguas, coloniales algunas recicladas y otras en ruinas se ven en esta parte de la ciudad. Tiene una magia única, una estética especial... Allí la Catedral (con muros abiertos porque hace calor y los fieles son muy apasionados) el museo del Canal (en el que estaba prohibido sacar fotos) y el museo de las piedras preciosas (donde Andrés ayudo a un minero) son puntos indiscutidos para visitar.
Desde la punta de la bahía se divisa el Puente de la Amistad, que es la puerta de entrada al Canal de Panamá desde el Pacífico, la City y el Casco Antiguo.
Hoy se conservan y se muestran como testimonios casi vivientes de una población pacífica, trabajadora, tranquila.
Miren, desde la Panamá Vieja y desde la Antigua (que son los extremos de una misma bahía, de una misma realidad) se pueden escuchar los animales, voces antiguas, carros tirados por caballos, las ollas de cobre y de metal, los antiguos vendedores ambulantes, los nuevos músicos viejos, los visitantes sorprendidos...
Y desde la Panamá City, sólo se escuchan autos y bocinazos. Una pena.
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