"¡QUE NO TE ENGAÑEN!
ESA PROMESA DE TRABAJO
PUEDE ATRAPARTE EN UN MUNDO
DE DOLOR Y EXPLOTACIÓN"
Aquí no vas a encontrar datos de hoteles ni de restaurantes. No recibirás propagandas de tus excursiones preferidas ni te diremos cuáles son tus aventuras imperdibles. Aquí te mostramos cómo viajamos y viajar tiene sentido si se viaja con todos los sentidos.
Volvimos. Más blancos de lo que nos fuimos, una nube nos persiguió toda la ruta. Las diminutas ranas rojas, en su santuario, croaban como si fueran dinosaurios y la selva parecía Jurasik Park, al restoran sobre las aguas cristalinas lo saludamos desde lejos y seguimos viaje (los precios no se adaptaban a la cartera de la dama y ni al bolsillo del caballero), eso sí, los delfines los vimos, y varios. Por otro lado, el snorkel lo hicimos y vimos cosas maravillosas nunca vistas (y hubiera querido tener una camara subacuática para compartirlo)... Luego en la isla Bastimentos, guitarreamos, comimos y bebimos hasta la madrugada. A la medianoche. Un caco me llevó la billetera (cosas que pasan hasta en el paraíso mismo).

Nadie me robará de la retina, de la memoria y del corazón ese coral con los colores azul y oro de Boca Juniors, al que miré flotando por varios minutos. En un momento, pude ver la cara de Martín en el perfil de la especie coralina. Y creo que al partir, a mi seña de pulgar en alto, me guiñó el ojo por la vuerta.
Bastimentos, isla paradisiaca si las hay, se presentó cual versión panañena del Bronks. Múltiples hombres, mujeres, niños y niñas de negra dermis nos recibieron ejerciendo el ocio y la ingestión de bebidas suministradas por el dio baco. Éste encuentro llevará un post de desarrollo, ya que aquí en el Archipiélago Bocas del Toro vivimos cosas extraordinarias: Un viaje nocturno con luna llena en pleno mar Caribe (pregunten en su agencia de viajes cuánto le cobra por este servicio... y se abren las apuestas, en los comentarios pueden arriesgar, no habrá premios). Además un snorkling espectacular, una tormenta tropical y una suerte policial...


Y que la cera de vela estaba adecuadamente distribuída para evitar los deslizamientos de mis húmedos y pequeños pies. Amarré mi tobillo a la soga. Hice reverencias a la madre... que en la Tierra es la pacha mama y en las aguas es Stella Maris. Revisé mis enseres personales: anillo en dedo gordo, pulsera de la suerte, llave del hotel en bolsillo, calzoncillo con buen elástico... Todo listo.
