La energía de los subterráneos proviene de las locomotoras, de sus motores, de la electricidad que fluye por los cables de alta tensión, de la tensión de los pasajeros por no quedar varados en el andén o ser arrollados en las vías.
El smog del afuera ingresa a lo profundo de los túneles, con ráfagas de aire en movimiento, tibio, húmedo. Se hace insoportable, incluso sobre los trenes en movimiento. El aire es asfixiante. Calor. Sudor. Humedad. Impaciencia. Suspiro. Mil caminos. Millones de historias se cruzan en los subterráneos. Mil tristezas, mil alegrías, mil rencores y elucubraciones.
En los subterráneos las vidas se encuentran y se dejan en escasos milisegundos. Se acercan. Se contactan. Y se van. En los subterráneos se escucha el ensordecedor sonido del silencio de voces y el callado y constante ruido de las vías como cuchillas afilándose constantemente.
En los subterráneos surgen historias. Por su misterio. Por sus intrigas. Por su arte. Por sus paredes pegajosas.
A Paco le gusta hacer asados. De esos buenos, con amigos, truco, achuras y todo. Su casa tiene todo lo indispensable. Nada sobra. Aunque nada falta. Hasta dos discos de arado. Uno para cuando viene poca gente, los íntimos y un long play para cuando los comensales superan la barrera de los seis. Lo llama "pollo al discovery" y aprendió a cocinarlo con casamcrem y vino blanco dulce. Como casi todo lo que cocina improvisó la receta, un poco de esto un poco de aquello y resultó ser el pollo al disco más popular de la comarca.
A María le gusta la cocina, esa la alternativa. Esa rica en sabores raros, distintos, para ella es una fiesta de colores, aromas y gustos un plato de comida. La natural su especialidad. Le gusta el zapallo asado, el pan de zapallo, el dulce de zapallo.
María y Paco toman el mismo subte, línea B en la estación Medrano. Todos los martes, 18 horas. El uno para el trabajo, hacia Dorrego, la otra rumbo a su curso de cocina asiática en Florida. Miran los carteles, las propagandas repetidas y los graffitis nuevos en liquid paper y piensan en lo poco creativos que resultan, aunque siempre graciosos. Se detienen en las pintadas punk de las bandas nocturnas que duermen en los túneles cuando la ciudad vive y viven en las calles cuando la city duerme.
Los dos se intuyen. Se miran. Se extrañan y conjeturan las razones de las ausencias cuando en el andén del frente el otro brilla por su ausencia. Se elucubran abandonos, pérdidas, muertes, salud.
María no recuerda cuando fue que vio a ese hombre por primera vez. Pero le gusta como la mira, disimulado, tímido, incómodo y escondiéndose detrás de ese uniforme de repositor externo y ese cuello polar que usa de bufanda.
Paco recuerda muy bien cuando vio por primera vez a esa mujer que toma el tren en dirección contraria sus propios martes a la misma hora. Fue un día en el que percibió su llanto y el rimel dibujaba una catarata gris en sus rosadas mejillas. Un punga había arrebatado su cartera y su celular. El presenció el momento exacto del atraco. Pero la electricidad en las vías, la distancia y los obstáculos impidieron la llegada de su ayuda.
El degustó exactamente cómo la miraba. Amorosa. Desprotegida y sintió que ella sostenía sus ojos clavados en los suyos. Vino el tren siguiente, sonó la chicharra y se separaron.
María, luego de su curso de cocina asiática sigue con el de la mediterránea y espera continuar con el de la azteca - maya, la marroquí, la brasilera y compulsivamente aprende a combinar sabores, picores, dulzores, sales, especias, etc etc. El sushi le sale al dente, los tacos al pastor: "la especialidad de la casa".
Paco adora los choripanes y los "bondiola" de los carros de la costanera. Los come sentado en la pirca con las piernas colgando y mirando hacia la reserva ecológica.
Se miran sin tocarse. Se desean sin saberlo. Se atraen como imanes. Se intuyen. Se conocen de sólo intercambiar miradas.
El sueña con ella cruzando el andén. Ella no quiere arruinarle la vida.
La flexibilización laboral hace que Paco cambie su trabajo y su horario. Y que desee volver a las 18hs a Dorrego, pero debe tomar el subte en Independencia rumbo a Boedo a las 5 a.m. María se dedica al tejido.
En la parada de Corrientes al 4900 el toma el 127. Tres paradas mas allá sube María. La máquina expendedora de boletos se queda sin cambio y revuelve su cartera llena de ovillitos, nerviosamente, apurada. Casi llora cuando un gordo lampiño parado en el segundo escalón le pide que se apure. Le deja paso. El gordo suspira, se muerde el labio, inclina la cabeza 45º, levanta las cejas, diagonaliza su pera y camina para el fondo con sus muslos paspados y piernas abiertas.
Aunque no encuentra una moneda llega desde sus espaldas. Apropiada. Inequívoca. Brillante. Única. Se introduce en la máquina. María aprieta segunda sección. El boleto se escupe.
- Gracias.
- Ahora tengo derecho a elegir tu asiento
- Bueno
- ¡Ese!
- Si, me gusta ventanilla.
A María el fresco y la luz le gustan y si es en conjunto mejor. Paco la consiente.
El tejido se le cae y ella lo deja en el piso sucio y maleducado. Le ofrece semilla de zapallo. El acepta. Rico! Con sal hace agridulce, comenta sorprendido.
El le da la mano. Ella le agarra el brazo. El ya no tiene el anillo. Ella coloca su cabeza en el pecho. El huele su cabello. Ella su pullover de bremher. Ella espera un beso en el cuello. El pregunta tonteras y comenta bobadas. Ella no responde nada. El intenta besarla. Ella se deja. El piensa dice "¡Así era!". Ella piensa y gime bajito. El abraza. Ella contiene la caricia. Ella anota en su libretita: "Zapallo".
Aquí no vas a encontrar datos de hoteles ni de restaurantes. No recibirás propagandas de tus excursiones preferidas ni te diremos cuáles son tus aventuras imperdibles. Aquí te mostramos cómo viajamos y viajar tiene sentido si se viaja con todos los sentidos.
jueves, 1 de octubre de 2009
sábado, 19 de septiembre de 2009
domingo, 30 de agosto de 2009
el viento del caribe
Fumé a medias un cigarrillo con el viento...
Quizás no sea la forma más linda ni propia para comenzar a escribir o describir sentimientos. Pero así fue.
El Caribe se descubrió, más bien se presentó ante mis ojos, multicolor y lo pude ver, lo pude ver maravilloso, pasando del azul turquesa al azul intenso, del azul intenso al oscuro, pasando por blancos, amarillentos, todos intensos y profundos. No pude hacer más que sentarme y quedar con mi mirada atónita ante tremendo espectáculo.
Y así fue que quedé extasiado, mirando todo y nada, mis ojos no abarcaban aquella inmensidad imponente.
Decidí encender un cigarrillo y el viento decidió fumarlo conmigo. Ese viento amable, no era brisa suave. Viento, fuerte pero amable, que hacía que las olas, aunque estuvieran lejanas, mojaran mi cara como un beso de bienvenida.
Así dejé la última pitada a mi amigo esa última pitada que es la más dulce, porque supone una entrega al fiel compañero.El templo maya hizo de testigo, él a mi espalda también siente al viento como amigo, como fiel compañero de eternos viajes y luchas.
Quizás no sea la forma más linda ni propia para comenzar a escribir o describir sentimientos. Pero así fue.
El Caribe se descubrió, más bien se presentó ante mis ojos, multicolor y lo pude ver, lo pude ver maravilloso, pasando del azul turquesa al azul intenso, del azul intenso al oscuro, pasando por blancos, amarillentos, todos intensos y profundos. No pude hacer más que sentarme y quedar con mi mirada atónita ante tremendo espectáculo.
Y así fue que quedé extasiado, mirando todo y nada, mis ojos no abarcaban aquella inmensidad imponente.
Decidí encender un cigarrillo y el viento decidió fumarlo conmigo. Ese viento amable, no era brisa suave. Viento, fuerte pero amable, que hacía que las olas, aunque estuvieran lejanas, mojaran mi cara como un beso de bienvenida.
Así dejé la última pitada a mi amigo esa última pitada que es la más dulce, porque supone una entrega al fiel compañero.El templo maya hizo de testigo, él a mi espalda también siente al viento como amigo, como fiel compañero de eternos viajes y luchas.
jueves, 13 de agosto de 2009
¿Y LA PARRILLA?
La ciudad de Guatemala es la capital de un país que lleva el mismo nombre. Cerca de allí hay muchos volcanes, algunos aún en erupción. Uno de esos es el volcán Pacaya.
Para llegar allí, unos chicos como ustedes ofrecen palos para poder caminar sin dificultad y no resbalar en las piedras de la trepada que dura alrededor de una hora.
Unos cincuenta o sesenta metros antes de la cima, ya se pude observar la lava entre las grietas de la montaña. Un naranja intenso, un calor incalculable, un terreno único, áspero, gris, rugoso…
Los volcanes están ardiendo por dentro, se siente en la suela de los pies que parecen derretirse.
Sabiendo de lo que nos esperaba, pasamos por la carnicería y decidimos ver si era posible comer un asado allí arriba. En Guatemala es difícil conseguir una parrilla, no es una costumbre como aquí en Argentina comerse un asadito en familia.
El problema debía ser resuelto.
El asado al volcán debía ser comido como buenos argentinos. Fuimos al supermercado. Conseguimos carne adecuada. Pero la parrilla no aparecía. En nuestras mentes no podíamos imaginar la solución al problema.
En aquel momento nos acordamos de la abuela Emilia haciendo sus riquísimos budines ingleses… entonces en un rincón de una góndola encontramos unas budineras metálicas.
Nos compramos dos y con la navaja que nos prestó un alemán perforamos el fondo de manera que queden como dos parrillas con base incorporada.
Caminamos. Llegamos hasta la cima. El calor fue intenso. Nuestras mochilas guardaban el secreto. Sin que nadie su
piera, preparamos la sorpresa de compartir en cuanto pudiéramos encontrar la grieta que despidiera el calor adecuado.
El grupo de viajeros se juntó a medida que armábamos nuestra cocina. Todos y cada uno de los que se acercaron probaron del manjar.
En el volcán Pacaya, surgen encuentros muy increíbles, los viajeros caminan al encuentro de la energía del centro de la tierra que surge desde el cráter. Allí se resolvió tecnológicamente el problema… “¿Podremos cocinar un asado al calor de la lava?”
Para llegar allí, unos chicos como ustedes ofrecen palos para poder caminar sin dificultad y no resbalar en las piedras de la trepada que dura alrededor de una hora.
Unos cincuenta o sesenta metros antes de la cima, ya se pude observar la lava entre las grietas de la montaña. Un naranja intenso, un calor incalculable, un terreno único, áspero, gris, rugoso…
Sabiendo de lo que nos esperaba, pasamos por la carnicería y decidimos ver si era posible comer un asado allí arriba. En Guatemala es difícil conseguir una parrilla, no es una costumbre como aquí en Argentina comerse un asadito en familia.
El problema debía ser resuelto.
En aquel momento nos acordamos de la abuela Emilia haciendo sus riquísimos budines ingleses… entonces en un rincón de una góndola encontramos unas budineras metálicas.
Caminamos. Llegamos hasta la cima. El calor fue intenso. Nuestras mochilas guardaban el secreto. Sin que nadie su
El grupo de viajeros se juntó a medida que armábamos nuestra cocina. Todos y cada uno de los que se acercaron probaron del manjar.
En el volcán Pacaya, surgen encuentros muy increíbles, los viajeros caminan al encuentro de la energía del centro de la tierra que surge desde el cráter. Allí se resolvió tecnológicamente el problema… “¿Podremos cocinar un asado al calor de la lava?”
viernes, 26 de junio de 2009
CAHUITA. COSTA RICA
jueves, 25 de junio de 2009
lunes, 20 de abril de 2009
Caballero de fina estampa
No salimos mucho en Centroamérica, ponele. La vida en los hostels te lleva a compartir mucho intra muros o en plazas, playas, peatonales, escalinatas varias... y como fue de costumbre nuestra, decidimos quedarnos guardados casi siempre.
El tema es que el "casi" se volvió una costumbre cotidiana, diaria digamos... Llegamos a Antigua, Guatemala, que, como verán, es mi ciudad favorita. Era de noche y la recorrimos, en ese caso, por obligación ya que el bus se demoró mucho mas de la cuenta, el tráfico en Guatemala capital es bastante pesado a las horas pico.
La cuestión es que en la combi, con mucho tiempo, nos hicimos amigos de unos viajeros, un par de españoles, un austaliano y un suizo... Bajamos todos y ninguno tenía lugar cierto para dormir. Así que, con mochilas y todo, hicimos la primera recorrida nocturna por la ciudad colonial.
Impactó...
Luego nos separamos... y por dos noches perdimos el rastro de nuestros amigos. En la plaza central, Andrés hizo nuevo contacto con uno de los gallegos y arregló para que esa noche nos juntáramos a tomar cervezas.
Entonces pasamos por el supermercado, buscamos ron, coca (el hielo lo ponía el clima) y fuimos a la plaza. Allí, lejos de encontrarnos con los españoles, vimos al Suizo y al Australiano. En el idioma universal del alcohol compartido nos sentamos en ronda a tomarnos los dos rones, el nuestro (bastante malo por cierto) y el de ellos (calidad superior).
Siendo las 12 am, habiendo terminado ambas botellas de ron y cansados de esperar a nuestros amigos provenientes de la "p... madre patria", nos fuimos a un bar, el único abierto un día jueves. Por una ventana, tras unas rejas, pudimos verlos tomando cervezas... Llegamos, euforia... Abrazos como si este encuentro fuera uno de aquellos inesperados. La gente miraba y algunos preguntaron de qué se trataba aquel momento. Lo cierto es que los vapores etílicos estaban bastante en consonancia... y las expresiones de afecto se multiplicaron. Charlamos. Reímos... seguimos bebiendo... y de repente, sin que nadie pudiera hacer ni un movimiento, las luces del bar se encendieron.
Silbatina generalizada.
Entonamos el "una má y no jodemo má" pero fue inútil. El gigante de la entrada nos miró de reojo, entendimos todo. Una imagen vale más que mil palabras...
La luz se hizo, nuestros ruegos fueron escuchados... por el fondo escuchamos un eco como una voz celestial "hay after", "hay after"...
No podía creer. Menos Andrés, cuyo último after había comenzado en Jamaica a las 7.30 am... se dio vuelta y con su bigote Charlygarcia me preguntó con cara de asco "aaafter??", yo le dije "sigamos a la multitud"... y arreamos a nuestros amigos, cual vacas, si.
Llegamos a la entrada, una casa colonial, inmensa, la gran puerta en forma de arco llegaba hasta casi 3 metros de altura. Pero no se abrió completa. Entramos, medio agachados, por esas puertas pequeñas como caladas en el gran madero. Apenas pusimos un pie dentro de la casa, un tipo con cara de pocos amigos nos exigió veinte quetzales (no que fuéramos a una pajarería y le compráramos 20 pájaros, sino que le entregáramos dos billetes de $10, que en Guatemala se llaman Quezales, no pesos). Nos toqueteó un poco. Revisó nuestros bolsillos. Tomó el dinero. Nos propinó una palmada en la espalda y por un laberinto de telas que colgaban del techo, ingresamos al gran patio central de la casona.
Sólo había una fogata en el centro del jardín, piso de tierra, una gran galería recorría el perímetro completo, y al fondo, al final, una pequeña luz de 25w, allí se servían los tragos. La música tecno perforaba los oídos. El fuego era avivado por quién sabe... pero cuando bajaba su intensidad, los leños aparecían.
Todo muy caótico.
Charlando con los muchachos, esas cosas que se hablan por hablar, o datos de viajeros, no recuerdo bien, cuando, de repente, siento un llamado en mi espalda. Me doy vuelta y una muchacha me pide bailar. Yo, Caballero de fina estampa, aunque no muy convencido, acepté. Los muchachos cerraron el círculo rápidamente y comentaron algo, rieron y me miraron casi espiando. La voz de la muchacha no me cerraba. Usaba palabras cortas. No construía oraciones. Pensé que quizás estaba un poco enferma o había fumado mucho esa noche.
Los muchachos llamaron a Andrés y todos me miraban y, lejos de hacerme señas buenas, se me seguían riendo en la cara. Miré bien a mi nueva amiga y entendí todo. Venía con sorpresa. Se trababa de una travesti que muchos por allí conocían. Hice seña a mis amigos y ninguno concurrió a salvarme. Caballero de fina estampa no se movió hasta el punto culminante en el que ella dijo: "Me podrías invitar un trago"... Nooooooo pensé, me figuré a mi primo Manolo diciendo "Nooooooo" y tirándose para atrás agarrándose la boca y la nariz... y me dije que era demasiado.
Me despedí de ella con toda cortesía. Busqué un ron en la barra. Permanecimos por casi dos horas siendo yo el chiste de todos los compañeros de viaje.
Perdí de vista a Andrés por un tiempo. Escuché música. Miré el fuego y volvimos. Las calles vacías. Frío. El silencio se confundía con el aturdimiento de mis oídos saturados. Como si caminara por dentro de una lata, una hermosa lata antigua.
El tema es que el "casi" se volvió una costumbre cotidiana, diaria digamos... Llegamos a Antigua, Guatemala, que, como verán, es mi ciudad favorita. Era de noche y la recorrimos, en ese caso, por obligación ya que el bus se demoró mucho mas de la cuenta, el tráfico en Guatemala capital es bastante pesado a las horas pico.
La cuestión es que en la combi, con mucho tiempo, nos hicimos amigos de unos viajeros, un par de españoles, un austaliano y un suizo... Bajamos todos y ninguno tenía lugar cierto para dormir. Así que, con mochilas y todo, hicimos la primera recorrida nocturna por la ciudad colonial.
Impactó...
Luego nos separamos... y por dos noches perdimos el rastro de nuestros amigos. En la plaza central, Andrés hizo nuevo contacto con uno de los gallegos y arregló para que esa noche nos juntáramos a tomar cervezas.
Entonces pasamos por el supermercado, buscamos ron, coca (el hielo lo ponía el clima) y fuimos a la plaza. Allí, lejos de encontrarnos con los españoles, vimos al Suizo y al Australiano. En el idioma universal del alcohol compartido nos sentamos en ronda a tomarnos los dos rones, el nuestro (bastante malo por cierto) y el de ellos (calidad superior).
Siendo las 12 am, habiendo terminado ambas botellas de ron y cansados de esperar a nuestros amigos provenientes de la "p... madre patria", nos fuimos a un bar, el único abierto un día jueves. Por una ventana, tras unas rejas, pudimos verlos tomando cervezas... Llegamos, euforia... Abrazos como si este encuentro fuera uno de aquellos inesperados. La gente miraba y algunos preguntaron de qué se trataba aquel momento. Lo cierto es que los vapores etílicos estaban bastante en consonancia... y las expresiones de afecto se multiplicaron. Charlamos. Reímos... seguimos bebiendo... y de repente, sin que nadie pudiera hacer ni un movimiento, las luces del bar se encendieron.
Silbatina generalizada.
Entonamos el "una má y no jodemo má" pero fue inútil. El gigante de la entrada nos miró de reojo, entendimos todo. Una imagen vale más que mil palabras...
La luz se hizo, nuestros ruegos fueron escuchados... por el fondo escuchamos un eco como una voz celestial "hay after", "hay after"...
No podía creer. Menos Andrés, cuyo último after había comenzado en Jamaica a las 7.30 am... se dio vuelta y con su bigote Charlygarcia me preguntó con cara de asco "aaafter??", yo le dije "sigamos a la multitud"... y arreamos a nuestros amigos, cual vacas, si.
Llegamos a la entrada, una casa colonial, inmensa, la gran puerta en forma de arco llegaba hasta casi 3 metros de altura. Pero no se abrió completa. Entramos, medio agachados, por esas puertas pequeñas como caladas en el gran madero. Apenas pusimos un pie dentro de la casa, un tipo con cara de pocos amigos nos exigió veinte quetzales (no que fuéramos a una pajarería y le compráramos 20 pájaros, sino que le entregáramos dos billetes de $10, que en Guatemala se llaman Quezales, no pesos). Nos toqueteó un poco. Revisó nuestros bolsillos. Tomó el dinero. Nos propinó una palmada en la espalda y por un laberinto de telas que colgaban del techo, ingresamos al gran patio central de la casona.
Sólo había una fogata en el centro del jardín, piso de tierra, una gran galería recorría el perímetro completo, y al fondo, al final, una pequeña luz de 25w, allí se servían los tragos. La música tecno perforaba los oídos. El fuego era avivado por quién sabe... pero cuando bajaba su intensidad, los leños aparecían.
Todo muy caótico.
Charlando con los muchachos, esas cosas que se hablan por hablar, o datos de viajeros, no recuerdo bien, cuando, de repente, siento un llamado en mi espalda. Me doy vuelta y una muchacha me pide bailar. Yo, Caballero de fina estampa, aunque no muy convencido, acepté. Los muchachos cerraron el círculo rápidamente y comentaron algo, rieron y me miraron casi espiando. La voz de la muchacha no me cerraba. Usaba palabras cortas. No construía oraciones. Pensé que quizás estaba un poco enferma o había fumado mucho esa noche.
Los muchachos llamaron a Andrés y todos me miraban y, lejos de hacerme señas buenas, se me seguían riendo en la cara. Miré bien a mi nueva amiga y entendí todo. Venía con sorpresa. Se trababa de una travesti que muchos por allí conocían. Hice seña a mis amigos y ninguno concurrió a salvarme. Caballero de fina estampa no se movió hasta el punto culminante en el que ella dijo: "Me podrías invitar un trago"... Nooooooo pensé, me figuré a mi primo Manolo diciendo "Nooooooo" y tirándose para atrás agarrándose la boca y la nariz... y me dije que era demasiado.
Me despedí de ella con toda cortesía. Busqué un ron en la barra. Permanecimos por casi dos horas siendo yo el chiste de todos los compañeros de viaje.
Perdí de vista a Andrés por un tiempo. Escuché música. Miré el fuego y volvimos. Las calles vacías. Frío. El silencio se confundía con el aturdimiento de mis oídos saturados. Como si caminara por dentro de una lata, una hermosa lata antigua.
domingo, 5 de abril de 2009
GOOD EVENING TEACHER
¡Flasheó! Justo cercano al atardecer. Uno de los más fantásticos lago que se han visto jamás. Un "mini Titikaka" pero rodeado de las más fabulosas montañas y nubes.
Encontramos un grupo de porteños que nos tiraron una onda de lugares para alojarnos y, en la calle principal encontramos a nuestra amiga artesana que no nos recomendó "para nada" la posada donde ella se alojaba. Seguimos, entonces, los consejos de los nuevos amigos argentinos, que, incluso nos guiaron hasta un sector laberinístico peatonal de la ciudad (Panajachel - Guatemala... me hacía acordar a los panachés que me hace la vieja).
Para no perder mi práctica. Hicimos caso hasta el 96% de las instrucciones. En el último minuto Andrés sugirió preguntar en un lugar que estaba medio oculto. Y fuimos. Y dimos con un hostel comodísimo, limpio, con cocina y un lugar común donde tocamos la guitarra todas las noches.
Comimos pollito asado frente al lago una noche estrellada. Viajamos en lancha. Vimos las más fantásticas artesanías que jamás vimos. Observamos volcanes (tres alrededor del lago - único paisaje del mundo).
Una noche. Luego de una larguísima velada (23.30hs) veníamos caminando por la semidesierta calle principal. Sólo quedaban abiertos algunos puestos que vendían tacos o pollo frito (un escándalo orgiástico de saturación de jugos gástricos) y sucedió algo extraño...
Un lugareño, moreno, petizón de pelo negro azabache, muy bien vestido, campera blanca como la nieve. Se acercó y desde atrás nuestro, a algunos pasos de distancia preguntaba "¿saben inglés?", ante el cuestionamiento del hombre seguimos
caminando como si nada hubiésemos escuchado. Preguntó de nuevo luego de doce pasos: "¿saben inglés?". Los pasos comenzaron a hacerse más veloces, como cuando uno hace las carreritas en la peatonal contra personas ignotas a las que vence siempre. Sentimos que sus pasos se volvían más veloces también. Como escuchamos la pregunta por tercera vez, nos dimos vuelta, casi se choca en su frenética carrera y le expresamos nuestra sapiencia olvidada gracias a los años de poca práctica.
Metió la mano bajo su abrigo. Casi me cago. A Andrés, creo, se le dislocó la mandíbula. Se me aflojaron las piernas. Todo transcurría en cámara lenta. Perecía que habíamos entrado a la matrix y el hombre nuclear nos hablaba todo ralentado. Frío en la espalda. Comencé a recordar lo que tenía en la billetera. Por un lado, me alivió el hecho de que los documentos y el grueso del dinero habían quedado en el hotel y, por otro, me decía que no tenía nada para entregar... "o casi nada... que no es lo mismo pero es igual".
El tipo sacó un cuaderno... y con una lapicera en la otra mano nos dijo: "¿Me ayudan a hacer la tarea que tengo que entregarla hoy en la escuela nocturna?"
No sé que le dijimos. Yo necesitaba una bebida para bajar el bulto que sentía en la garganta. La noche nos envolvió totalmente y a nuestro amigo lo habrán bochado o aparobado, quién sabe.
Panajachel me hace acordar tantas cosas... pero sobretodo a los panachés que hace la vieja. Ah! y la cerveza Bramha se dice "Bravha"... ¡qué cosa Guatemala! mentira que es "guatepeor".
lunes, 30 de marzo de 2009
¿QUIÉN ES EL YETA?
Muchas fueron las congeturas que surgieron a partir de la demora del avión. Como algunos sabrán y otros no, el viaje que estaba programado para el 27 de diciembre, terminó siendo el día de los santos inocentes. "Qué la inocencia les valga!" gritó un viejo cuando la voz de nada del aeropuerto anunció que deberíamos volver a casa u hoteles de acuerdo a la situación.
En ese mismo instante surgió la discusión con mi "cumpa".
¿Quién de nosotros sería el yeta en este viaje?
Dudas. Dos fundamentaciones, obviamente patrocinadas por cada protagonista.
La primera. Basada en la inexperiencia. Basada, además, en la realidad primeriza del debut "viajístico" internacional.
Por otro lado, la experiencia de diferentes viajes sin problemas me daban ventaja, al menos, en los papeles y datos objetivos. Lo cierto fue, que en mi haber, solamente tuve algunos inconvenientes mecánicos en la empresa "Transnacional" de Bolivia, cuando viajé hasta Potosí.
Después de eso, nada.
Hasta que todas las dudas se disiparon. Digamos...
Lugar: Iberia (una de las ciudades más grandes de Costa Rica)
Volviendo de las muy yanquizadas Playas del Coco.
Ruta. Esperando Bus internacional que nos depositara en Nicaragua.
Una hora y cuarto de espera inútil (el bus nunca pasó, nos indicaron mal y luego hicimos otra travesía mucho más barata y que merece un post aparte).
Andrés sentado sobre su mochila en posición horizontal y guitarra entre las piernas. Ojotas obligatorias.
Yo parado mirando al horizonte. Jugaba a mirar los carteles de los colectivos que se acercaban.
En un momento, decidí poner el "piloto automático" ante el campeonato 1995 de la NBA y sus figuras. De repente surgió un tema interesante ante la maniobra imprudente de un conductor suicida que casi nos pone en riesgo nuestra vida (Exagero, amor???).
Lo cierto es que comenzamos a charlar acerca de lo mal que se maneja en centroamérica. Los bocinazos. La velocidad, etc etc.
"Sí," dijo Andrés. "Viste que manejan para la mierda, pero nunca hay un accidente!"
Justo allí se escuchó una frenada, un bocinazo, una acelerada, una puteada y un golpe.
Extrañamente no se escucharon vidrios en el pavimento.
Saldo: dos TOYOTA hilux (una modelo 2009 y la otra 1995) una, la primera, con un pequeñísimo raspón en el guardabarro trasero izquierdo. La otra, intacta.
En ese instante se bajaron un grupo de chetas yanquies. Que venían de jugar al tenis. (Te juro que me dieron impresión esas piernas...) Y comenzaron, en inglés, a decirle de todo al pobre moreno que manejaba el rodado de menor valor.
Él, el nativo, no quería llamar a la policía, a lo que nosotros, espectadores de lujo en esta situación, estábamos totalemente de acuerdo. El choque no había sido tan grave.
La de gringolandia no entendió razones. Habrá querido que le pague con la vida ese rezguño a su impecabilísima camioneta.
Vino la policía, una grúa, un asesor de seguros, dos agentes de tránsito, el amante de la vieja, las cuatro gordas macdondeadas no entendían un "joraca" de lo que se intentaba explicar.
Las chetas tomaron un taxi. Amontonadas. Los amortiguadores cedieron un poco. Chato quedó el auto de alquiler. El chofer de las chetas (cierto que encima tenían chofer!!!!!) comenzó a hablar con su compatriota. Luego metió la mano en una conservadora que estaba en la caja de la pick up y le dio una coca.

Fui al quiosco cercano. Nuevamente pedí instrucciones para el viaje a Nicaragua. Pedí un agua, cargué la mochila al hombro y guiamos a un francés que viajaba con su hija hasta la estación terminal municipal donde sí salían los colectivos para la frontera.
En ese mismo instante surgió la discusión con mi "cumpa".
¿Quién de nosotros sería el yeta en este viaje?
Dudas. Dos fundamentaciones, obviamente patrocinadas por cada protagonista.
La primera. Basada en la inexperiencia. Basada, además, en la realidad primeriza del debut "viajístico" internacional.
Por otro lado, la experiencia de diferentes viajes sin problemas me daban ventaja, al menos, en los papeles y datos objetivos. Lo cierto fue, que en mi haber, solamente tuve algunos inconvenientes mecánicos en la empresa "Transnacional" de Bolivia, cuando viajé hasta Potosí.
Después de eso, nada.
Hasta que todas las dudas se disiparon. Digamos...
Lugar: Iberia (una de las ciudades más grandes de Costa Rica)
Volviendo de las muy yanquizadas Playas del Coco.
Ruta. Esperando Bus internacional que nos depositara en Nicaragua.
Una hora y cuarto de espera inútil (el bus nunca pasó, nos indicaron mal y luego hicimos otra travesía mucho más barata y que merece un post aparte).
Andrés sentado sobre su mochila en posición horizontal y guitarra entre las piernas. Ojotas obligatorias.
Yo parado mirando al horizonte. Jugaba a mirar los carteles de los colectivos que se acercaban.
En estas situaciones, y con dos verborrágicos empedernidos como nosotros, no hay momento, casi, para el aburrimiento, y menos para el silencio.
En un momento, decidí poner el "piloto automático" ante el campeonato 1995 de la NBA y sus figuras. De repente surgió un tema interesante ante la maniobra imprudente de un conductor suicida que casi nos pone en riesgo nuestra vida (Exagero, amor???).
Lo cierto es que comenzamos a charlar acerca de lo mal que se maneja en centroamérica. Los bocinazos. La velocidad, etc etc.
"Sí," dijo Andrés. "Viste que manejan para la mierda, pero nunca hay un accidente!"
Justo allí se escuchó una frenada, un bocinazo, una acelerada, una puteada y un golpe.
Saldo: dos TOYOTA hilux (una modelo 2009 y la otra 1995) una, la primera, con un pequeñísimo raspón en el guardabarro trasero izquierdo. La otra, intacta.
En ese instante se bajaron un grupo de chetas yanquies. Que venían de jugar al tenis. (Te juro que me dieron impresión esas piernas...) Y comenzaron, en inglés, a decirle de todo al pobre moreno que manejaba el rodado de menor valor.
Él, el nativo, no quería llamar a la policía, a lo que nosotros, espectadores de lujo en esta situación, estábamos totalemente de acuerdo. El choque no había sido tan grave.
Vino la policía, una grúa, un asesor de seguros, dos agentes de tránsito, el amante de la vieja, las cuatro gordas macdondeadas no entendían un "joraca" de lo que se intentaba explicar.
Las chetas tomaron un taxi. Amontonadas. Los amortiguadores cedieron un poco. Chato quedó el auto de alquiler. El chofer de las chetas (cierto que encima tenían chofer!!!!!) comenzó a hablar con su compatriota. Luego metió la mano en una conservadora que estaba en la caja de la pick up y le dio una coca.
Fui al quiosco cercano. Nuevamente pedí instrucciones para el viaje a Nicaragua. Pedí un agua, cargué la mochila al hombro y guiamos a un francés que viajaba con su hija hasta la estación terminal municipal donde sí salían los colectivos para la frontera.
sábado, 28 de marzo de 2009
ANTIGUA VIDA MIA
entramos una noche
luego del viaje agotador
y violento
Un gran tobogán oscuro
nos depositó generoso
y el inpacto fue imponente
Una casa rojo borravino
con rejas labradas
fue la primera imagen de Antigua
y me "viajé" a Potosí, Cusco o Cuenca
y ninguna de ellas es igual
ninguna de ellas es comparable
Todas, y Antigua más
ese no se qué
que me enamora
de las ciudades
Coloridos
Antigüedad
Cuidado esmero
Amor por la ciudad
destruida otrora
que muestra las cicatrices
y hoy florece
desde las raíces fundamentales
desde las raíces de su hispanidad
Cúpulas grandes y pequeñas
miles
¿Dónde están sus balcones?
Todas sus casas son muy bajas
y quedan mas chatas
al pie de los volcanes circundantes
Vida calles piedras adoquines
Antigua es así
colorida
colonial
Antigua, no es vieja
tiene experiencia
Antigua es como vos
fascinante
atractiva
atrevida
atenta
colorida
abierta
con humor
Así es Antigua
y yo estuve allí
sin vos
miércoles, 25 de marzo de 2009
CIELO E INFIERNO
¿Es posible pensar en eternidad?. ¿Es posible que nuestra limitadísima categoría de percepción que nos impide imaginar el número 100 en cantidad de uvas por ejemplo, nos permita abstraer y entender, verdaderamente posta posta lo que significa la eternidad?
¡Qué de cosas extrañas son las que surgen!
En el infierno, al menos, estarían todos mis amigotes. Aquellos con los que nos encontramos en el campo. Con los que jugábamos juegos de manos y de villanos. Aquellos que robábamos mandarinas de la casa del vecino. Los que jugábamos al ring raja en la hora de la siesta. Los que nos íbamos a pescar a la lagunita del parque sin avisar a la vieja. Los que se iban a Carlos Paz en bici y avisaban a su llegada. Aquellos que pensaban distinto y se atrevían a ir contra la corriente.
Digo, una cantidad de interesantísimos niños y niñas, que vivieron una niñez sin reproches y no una vida reposada. Un Infierno al que le escribieron una Divina Comedia.
Lo cierto, es que pensé todo esto cuando subí al Volcán Pacaya. Allí encontré todo lo que había soñado con el torturador infierno: CALOR, LAVA,
CANSANCIO, DOLOR, QUEMAZÓN DE PIES, ASFIXIA, OLOR A AZUFRE, TEMOR POR DERRUMBES, ASPEREZA EN EL SUELO, SUFRIMIENTO, GRIS... (pero extrañamente propio, alcanzable, caminable, atrayente, solidario, misterioso...)
Por otro lado, las nubes al atardecer dejaban que el sol las dorara completamente. Lo que me hizo recordar mis sueños del ansiado cielo. CALMA, PAZ, SERENIDAD, ADMIRACIÓN, COLORES BRILLANTES... (pero extrañamente, no sentí el deseo de ir allí, por el contrario, sí sentí el miedo al abismo, a la nada, a la metáfora, al vacío...)
En el volcán Pacaya vivimos experiencias maravillosas. Un asado a la lava, no se come todos los días. Compartimos con gente de todo el mundo, el delicioso sabor de un bocado de carne cocinada al calor que emana de las entrañas mismas de la tierra.
lunes, 23 de marzo de 2009
LAS RUINAS DE COPÁN ME COPAN
Dicen que los sueños se cumplen. Y las promesas también. Y una tradición milenaria de los viajeros del tiempo, dicen que, cuando uno viaja, debe dejar lugares para el misterio.
Entramos.
Nos encontramos con una ruina única. Incalificable. No pudimos integrarla en nuestro ranking. Porque tiene características distintivas que la hacen incomparable.
çMenires. Está infestada de esculturas increíbles. Cada una en su parte posterior, explica, muestra y data la obra del rey que representa. Además de todos los significados místicos que se les atribuían.
Varias pirámides, y una, la más aluscinante, con jeroglíficos tallados en cada cubo de piedra que conformaban los escalones. Dicen... Dicen... que si descubren qué dice, quizás, cambie la historia de los mayas.
Subimos a cada escalón, entramos por cada puerta, caminamos cada pasillo, pasaje, pasadizo, tunel, miramos por cada ventana, todo quería que quede grabado... el antiguo deseo lo hacía más signnificativo.
El patio de los jaguares, que posee túneles excavados y construídos por los arqueólogos que muestran la fantástica virtud de construir colocando los cimientos en la propia historia. Sin destruirla. La pirámide dentro de la pirámide está intacta!Casas, camas y habitaciones conservadas y reconstruídas respetuosamente.
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